martes, diciembre 26, 2006

LAS NAVIDADES YA NO SON LO QUE ERAN

- Sección: ME & MYSELF



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No señor, ya no son lo que eran.
La primera prueba de ello es que ahora adelgazo en Navidad, cosa que antes no ocurría ya que, al final de la Navidad, los Reyes Magos me habían dejado 3 ó 4 kilos instalados a plazo fijo a modo de michelín, mientras que ahora soy yo quien, solidaria y maja que es una, se los deja a ellos.
El secreto no es tal, lo único que ocurre es que hace 10 años o así, yo tenía amigos que, como yo, vivían con sus padres (como casi todos los jóvenes de veintipocos) y, en cada visita a casa del colega de turno, caían turrones a tutiplé, porque las madres tienen esa manía de meterte comida (sea de la naturaleza que sea) hasta por las orejas, y si no eres su hijo, también, da igual, así que como además, el visiteo a las casas de los amigos era algo que ocurría a diario, a una media de media tableta de turrón al día en casas ajenas, más lo ingerido en casa propia, acababas el día para que en Jijona te hicieran hijo predilecto de la ciudad. Y gordo, como un puñetero centollo.
Ahora, entre los horarios laborales estos tan "after hours" que tengo, que mis amigos tiene casas propias y están como yo, y que desde el día 20 de diciembre estoy planeando no coemter excesos alimenticios, más bien me ocurre que como por defecto, o sea que como menos por si acaso cayese un "día internacional del turrón", pero no me había dado cuenta de que ya no visito las casas de los padres de mis amigos. Una costumbre sana aunque muy calórica, oiga, que se ha perdido con el tiempo.
La segunda prueba de ello es cómo han cambiado mis cenas familiares. En mi infancia/adolescencia/juventud las cenas navideñas eran, además de copiosas, numerosas en asistentes, comensales, familiares y adosados post-cena. En un comedor mínimo nos llegábamos a juntar unas 20 personas y a las 12 de la noche daban ganas de poner a alguien en la puerta de casa para limitar el aforo, porque según iban llegando amigos de mis primos, vecinos a saludar, el colega con el que has quedado luego pero que pasa por debajo de tu casa y aprovecha para felicitar las fiestas y tomarse una copa, que es que tu familia es tan maja, oye, que da gusto, no me quedo yo una Navidad sin subir a brindar con vosotros, y todos con la sonrisilla beoda, hablando, riendo, niño cómete el cordero y deja el mantecado, mamaaaaaa, que Gonzalito me ha echado su trozo de redondo de ternera, porque en mi casa una Nochebuena no era una Nochebuena sin un redondo de ternera que se quedaba más seco qe el ojo de un tuerto en el horno de mi tía. La pasada Nochebuena si en mi plato había más de 200 gramos de comida (entre merluza y demás) yo soy un pastorcito del Belén, y además, nos reunimos cuatro personas contándome yo misma.
No es lo mismo, no, Villancicos de Frank Sinatra en dolby surround, comida macrobiótica y la sensación de que la infancia queda muy lejos, y ese momentazo en el que nos levantábamos todos a la vez, los 20 a la vez, de la mesa y empezábamos a cantar "el plátano" (no es muy navideño, pero era la unica canción que nos sabíamos todos y, además, las visitas se quedaban noqueadas por la impresión), sí, las cosas cambian.
He mejorado sustancialmente en regalos. Yo de pequeña y de jovencilla me sentía la mañana e Reyes tan ultrajada como el niño de la carta a Papá Noel de Gomaespuma. Todos los años un pijama, eso nunca faltaba, y caramelos en el zapato, pero ni paquetes y paquetes de juguetes, ni envoltorios bonitos como los de los anuncios, ni nada de nada, dos regalos a lo sumo. Mis "Reyes Magos" estuvieron en paro durante 3 años y eso se notó bastante. Así que cuando ayer por la mañana tenía el árbol de Navidad lleno de paquetes casi se me caen las lágrimas de la emoción, en serio.
Me quejo mucho de la hipoteca, de que no me compro nada, de que vivo para la casa y punto, pero es cierto que tengo un mes entero al año en el que salgo de vacaciones y que ayer tenía regalos de Navidad, más que nunca he tenido en mi vida. Y además, me gustaron y todo.
La tercera prueba de que ha cambiado todo es que antes después de la cena mi padre insistía 4 ó 5 veces o más con el "y no bebas", a lo que yo le respondía con mi mejor sonrisa adolescente "es Navidad, hombre", y hoy en día insiste con el "tómate una copilla, mujer, que es Navidad" a lo que yo le espeto "es que no bebo, papá". Y es cierto. Ahora, como casi todos sabéis ya, mi cuerpo no aguanta el alcohol.
Recuerdo una Nochevieja en la que me pasé de copas en un pub al final de mi calle y me torcí un pie bailando aquello de "saturday night tirorariro tirorí, come on baby" encima de una mesa de billar. Cuando llegué a casa, reptando por la escalera y sujetando la pared como buenamente mi nivel de sangre en alcohol me lo permitía tiré una planta (o la planta se tiró, es posible) al suelo. Ante el estruendo y el "jofdier fgon da blanta de dgos gogones", mi madre se lenvantó de la cama y me empezó a gritar en varias octavas a la vez. Yo, borracha como nunca y con un esguince de tobillo empecé a llorar como una magdalena (una magdalena muy borracha, claro) sujetando la pared y tratando a la vez de recoger trocitos de planta, mientras le decía "aaaaaay, cod do balita ge vengo con el pie balito, aaaaaay, do be degañes, babáaaaaa", y mientras mi madre en bata y puesta en jarras gritando con ojos de pantera "¿que tienes un pie malo?, lo que tienes es poca vergüenza y un pedo como un piano de cola". La cosa no trascendió más allá de un día de resaca evitando la mirada directa de i madre que refunfuñaba "un pie malo, no te jode", cada vez que yo levantaba la cabeza. Tras esta hecha, "tener un pie malo" o "volver a casa con un pie malo" tiene otro significado en casa de mis padres... pero no, en estas alturas de mi vida vuelvo a casa con los pies sanos... bueno, y si los traigo malos es solamente por el calzado, no os penséis otra cosa.
Pero, en general, no es ni mejor ni peor, simplemente diferente. Tengo mi propia casa, mi propia pequeña familia y soy yo quién invita a casa a los demás. Y para ser la primera Navidad con casa propia, la cosa no está yendo mal.
Ayer por la tarde el pimpollo y yo brindamos en privado por nuestra nueva vida conjunta.
No, no señor, no está yendo nada mal.

FELICES FIESTAS A TODOS.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajjaja... lo del`pie malo a tenido su gracia....

Yo en las navidades no tengo peligro... lo malo es la feria :-d... menos mal que nunca me han pillado con un "pie malo"... pq mi madre aún se cree que no bebo :-D

Feliz navidad

Anónimo dijo...

Ains, como me he reido con lo del pie malo... A mi aun no me han cogido en ese estado, por suerte.

Por las navidades, desde que no soy una renacuajilla todo cambio. Ahora solo significan dormir hasta mas tarde y algun que otro regalito. Y los malditos turrones, si.

Besitos guapa.